Carta a Mi Padre“Querido Padre Celestial, Creador de todo,

“En este momento siento paz, siento alegría, y tengo el corazón lleno de gratitud por mi vida, pues continúas enseñándome cómo conocerte más –sentir la profundidad de tu cuidado paternal, y cómo comprender tu amor incondicional cada día que pasa. Cuando me desacelero y traigo a mi mente la conciencia de tu presencia en mi vida, siento ese amor Paternal que tienes por mí, tu hijo, y tengo esta impresionante sensación y certeza de que un día estaré ante la presencia de tu inmensidad, habiendo avanzado durante eones de tiempo en tu creación, habiendo perfecionado mi mente y finalmente sabiendo, casi a la perfección, lo que significa amar tal como tú amas. Ese es el último ‘deja vu’.

“Ahora, en mi estado imperfecto, solo puedo conocer el amor marginalmente; sin embargo, cuanto más exprese este amor marginal a los demás, más comprendo tu amor completo. Es como si yo fuera una diminuta hormiga colocada en una gran pintura, una obra maestra, y con mis pequeños ojos, solo pudiera ver puntos y trazos de color; sin embargo, a medida que crezco en el amor, mi perspectiva cambia, me levanto más alto y veo un poco más de la obra maestra. Tengo un largo camino por recorrer, Padre, antes de poder ver la orilla del marco con el que has adornado la obra maestra, aunque desde la pequeña parte que ahora veo, me siento inspirado y me esfuerzo por alcanzar una más amplia visión.

“Conforme valientemente dejo ir el miedo y abrazo el camino del amor, mi vibración cambia, se hace más alta, y con esta frecuencia más elevada, mi conciencia de tu presencia, de tu guía, de tu amor divino en mi vida, se hacen más evidentes. Tu amor es contagioso, Padre, y alimenta mi deseo de ser más como tú. Sin embargo, aunque preveo este futuro momento de gloria como lejano en mi visión, te tengo aquí conmigo en todo momento –tu Presencia Interior es mi amiga, me habla y me guía a esas benditas oportunidades en donde puedo experimentar el amor de una nueva manera, y cuando esto sucede, se abre en mí un nuevo espacio, y ahora tengo lugar para una comprensión un poco mayor de tu amor perfecto.

“Como un niño con lápices de colores, garabateo mi imitación de tu obra maestra, apenas reconocible para quienes me rodean; sin embargo, me recuerdas que cada maestro pintor alguna vez fue un niño que se expresó a través de garabatos incomprensibles. Es la profunda pasión y el deseo de ser un maestro pintor, de explorar y crear, lo que impulsa al niño a aprender, a crecer y a tener un mayor control de su expresión en el lienzo. Saber esto me da esperanza y construye una gran fe en mí, Padre, de que me puedes enseñar cómo ser un maestro, pues has llenado mi paleta con Verdad, Belleza y Bondad, y has colocado un pincel en mis manos.

“‘¡Pinta, hijo mío, pues te he dado las herramientas y la inspiración para crear una obra maestra!’

“Y así lo haré, Padre, así lo haré.