amorLos dolorosos acontecimientos que tuvieron lugar en Francia, son manifestaciones del destructivo y absurdo poder del odio. El odio es separación; el odio consiste en intenciones impregnadas de energía negativa. ¿Por qué razón querrían los seres humanos funcionar en tal estado mental? ¿De qué manera serviría para un propósito más elevado? ¿Cómo podría complacer al Todopoderoso?

En un mundo creado en torno a los amorosos valores de la Verdad, Belleza y Bondad, el odio es un elemento completamente extraño –un factor de desequilibrio. Es como arrojar furiosamente una piedra en un cuerpo de agua pura y serena. Salpica ruidosamente y perturba la paz en sus diferentes niveles, con un efecto de onda.

No permitan que el odio se apodere de vuestro corazón. Cuando vuestro corazón está conectado a su amorosa Fuente, puede crear sus propios anticuerpos para esa enfermedad emocional tan potencialmente contagiosa. ¡Que no los tomen desprevenidos! Está en vuestro poder de libre albedrío rehusarse a tener cualquier intercambio con esa emoción de baja vibración. ¿Por qué razón elegirían contaminar vuestro ser en lugar de protegerlo, para así adquirir una mayor fuerza interior y un Sistema inmune emocional más fuerte?

Existe una canción cuya letra dice ‘El amor hace girar al mundo’. Verdaderamente, el amor es la substancia que lubrica al organismo cósmico perfectamente concebido. Las esferas y los círculos están presentes por doquier en el universo. Son formas predilectas debido a que no ofrecen ángulos ni resistencia. Un círculo fluye y un planeta sigue su órbita predeterminada.

Cuando el odio se expresa en forma contundente, es como si se arrojara un objeto extraño en un organismo que funciona suavemente. Ese objeto podría desencadenar una reacción de peligrosos eventos en cadena, o podría ser identificado como tal y ser rechazado por el organismo como un cuerpo extraño. El Padre ha infundido en Su creación un poderoso sistema inmunológico –en todos los niveles.

El amor es el ‘antibiótico’ más eficaz para contrarrestar los amenazantes elementos del odio. Es hora de que la humanidad retome su poder al negarse conscientemente a ser afectada por el odio. En lugar de ello, incrementen vuestro Poder de Amor y envíenlo a las almas ignorantes que causan estragos en vuestro amado planeta. Así es como Jesús operaba. No se hundía al nivel del odio para después resurgir de este. Actuaba en el momento para protegerse a Sí mismo de esta amenaza a Su integridad emocional. ¡Él perdonaba al instante! ¡Qué poderosa declaración de amor incondicional!

Como Cristianos dispuestos a caminar sobre las huellas del Maestro, es esencial que permanezcan en el amor y el perdón. Esto desarmará a aquellos que les quieren hacer daño, pues ustedes no les proporcionarán una justificación para que sigan adelante en su nefasto camino. Las almas carentes de amor se atrofian en su crecimiento, pues no han experimentado el poder del amor que transforma y expande al alma. Al enviarles amor y luz en su camino, y al perdonarlos voluntariamente, les harán más fácil reformar su comportamiento , pues estarán rompiendo el absurdo ciclo ‘ojo por ojo’ que termina cegando a todos los que participan en él. Si ustedes recurrieran al mismo modus operandi de ellos, se hundirían inmediatamente a su nivel y añadirían vuestra propia cuota de odio a una situación de por sí ya muy inestable.

Regresen a la Fuente para reabastecer vuestro Tanque de Amor cada vez que sientan que se les ha agotado. El amor fluye en forma abundante y continua desde el Paraíso, y pueden elegir alimentarse de su agua viva para hacerlos intocables ante el furioso fuego del odio. Pueden apagar el odio con amor, en lugar de permitir que este consuma los bienes de vuestro ser. Esta es vuestra elección en cualquier momento, y esta elección tiene consecuencias a largo plazo. No permitan que el odio gane impulso. En lugar de ello, inicien el efecto de ‘bola de nieve’ del amor, lo cual pondrá en movimiento una irresistible avalancha de amor que desempoderará a esas obstinadas almas sedientas de amor, y les ayudará a comprender que la Voluntad de Dios está llena de amor –y nunca de odio.