el arte de vivir“Existe una diferencia entre hacer las cosas que necesitas para vivir y hacer cosas para obtener lo que otros te han dicho que necesitas. Lo primero involucra acciones que son realmente necesarias y representan un tiempo bien invertido. Lo último es realmente una pérdida de tiempo y los resultados obtenidos realmente no te llevan mas cerca de tu meta espiritual. El exceso en ambas categorías puede causar daños temporales o permanentes para tus sistemas físicos, mentales e incluso espirituales.

“Una vida balanceada en la que haces lo que necesitas para vivir mientras te preparas para la siguinte fase de tu existencia es lo mas recomendable. Una espiritualidad absoluta no es deseable durante la vida material. Las necesidades físicas deben ser atendidas, así como los deberes con respecto a la hermandad humana. Debes estudiar, trabajar, colaborar y hacer por tus semejantes lo que desearías que hicieran por ti, mientras exploras el lado espiritual de tu vida. Igualmente una vida exclusivamente dedicada a lo material carece de orientación y propósito, como caminar con una venda en los ojos, sin llegar jamás a algún destino.

“El juego de la vida requiere equilibrio, el balance, el evitar los excesos en todas las areas de la vida. Es dominar el arte de adquirir una personalidad balanceada. Es tener la mirada fija en las realidades celestiales manteniendo los pies firmemente sobre la tierra. Es vivir en este mundo sin ser de este mundo.

“Practica este balance todos los días. Aligera las cargas del trabajo con la relajación de un reposo bien merecido, sin dejar que el placer del descanso te quite el deseo de ser útil. Consume lo que tu cuerpo necesita, escogiendo los mejores alimentos sin caer en los excesos. Mantén tu impulso de avance espiritual sin caer en el fanatismo ni en un misticismo paralizante. Solo así cultivaras esa gracia en la personalidad que poseen aquellos que han dominado el arte de vivir en el mundo mientras caminan hacia la eternidad.

“Jesús es el ejemplo viviente de esta disciplina. Su personalidad ejercía una atracción tan poderosa para sus semejantes porque era realmente un hombre entre los hombres, alguien que había vivido realmente y conocía los desafíos y las angustias humanas, pero al mismo tiempo, había descubierto el camino hacia el Padre y era un reflejo de este camino para todos. Él ilustraba de una manera original como cualquier ser humano puede lograr las alturas de la vida espiritual viviendo su propia vida, en su propio ambiente y con sus propios recursos.

“Aquellos que mas nos inspiran no lo hacen exibiendo su superioridad ni sus atributos especiales. El ser humano es motivado de mejor manera cuando observa como uno de sus semejantes puede lograr grandes cosas utilizando los mismos recursos y las mismas habilidades que todos poseen. Esto es lo que el Padre desea de ustedes, trabajadores de Luz. Que se vuelvan ejemplos vivientes de una vida consagrada a la voluntad de Dios para que vuestros hermanos sepan que esto es posible aquí mismo en la tierra, siendo tal y como son, y utilizando lo que ya se les ha otorgado”.