el hijo pródigo“Yo no soy digno de la salvación, porque he vivido una vida menos que santa, y no puedo estar ante la presencia de mi Creador con un pasado como este.” “He fracasado tantas veces; he lastimado a tantas personas con mi orgullo egoísta; he hablado tan duramente con mi afilada lengua; he apartado la mirada de aquellos en necesidad; y nunca he puesto un pie en un lugar de oración.” “¿Cómo puede alguien tan miserable, posiblemente merecer vivir eternamente al servicio de Dios?” “Por lo tanto, ¿a dónde iré cuando terminen mis días en este mundo?”

Hay muchos en vuestro mundo que ahora, o en algún momento en el pasado, dijeron precisamente estas palabras y sintieron que no eran dignos del amor y de la misericordia de Dios, pero yo les digo que no puede haber algo más lejos de la verdad, mis queridos amigos. Estos son los pensamientos del ‘Hijo Pródigo’, quien después de dilapidar la herencia de su padre, y vivir una vida despreocupada, se encontró muriendo de hambre en una pocilga, en una tierra lejana, recordando con nostalgia los días cuando vivía en la casa de su padre. Después de mucho lamentarse, decidió que regresaría a casa y pediría perdón, y que trabajaría como sirviente en la casa de su padre, en donde humildemente se quedaría y comería pan con los demás sirvientes. ¿Qué encontró este joven a su regreso?

…Este padre amaba a este hijo y siempre estaba esperando su regreso, de manera que el día en que se acercó a su casa, incluso cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio, y movido por una amorosa compasión, corrió a su encuentro, y con un saludo afectuoso lo abrazó y lo besó. Después de que se encontraron, el hijo miró la cara llorosa de su padre y le dijo: ‘Padre, he pecado contra el cielo y ante ti; ya no soy digno de ser llamado un hijo’ – pero el muchacho no tuvo oportunidad de completar su confesión, pues su padre, lleno de alegría, le dijo a los sirvientes que llegaron corriendo en ese momento: Saquen prontamente la mejor túnica, la que he guardado, y vístanlo, y pónganle el anillo del hijo en su mano, y traigan sandalias para sus pies.’

Y luego, después de que el feliz padre hubo llevado al adolorido y cansado joven hasta la casa, llamó a sus sirvientes: ‘Traigan el ternero cebado y mátenlo, y comamos y celebremos, porque este hijo mío estaba muerto y ha vuelto a la vida, estaba perdido y ha sido hallado’. Y todos se reunieron con el padre para regocijarse con él por la restauración de su hijo.

Ya lo ven, queridos amigos, que esta es la historia de todos nosotros, ya que no fuimos creados para ser perfectos en esta vida; sin embargo, cuando llegamos a este lugar en el que podemos ver esta imperfección en nosotros mismos, y reconocer nuestras faltas, nos encontramos ante la puerta de grandes oportunidades: vivir en la conciencia del amor y la misericordia del Padre, en donde Él nos ve todavía tan lejos, pero nos espera con los brazos abiertos para que regresemos a Él. Tan solo hay que elegir aceptar Su amor y misericordia, y vivir eternamente como Sus hijos e hijas ascendentes. Una vez que somos conscientes y elegimos este camino, vivimos cada día con la bendita seguridad de conocer nuestro lugar en el universo como Sus hijos experienciales, quienes son amados incondicionalmente. Esto, amigos míos, es el comienzo de una vida de servicio – una de las partes contribuyendo para la totalidad de la creación, en donde cada día nos parecemos más a Él, y somos más como Él, aprendemos a amar y a ser compasivos hacia otros que aún no son conscientes de Su gran misericordia y amor incondicional.