SuperpotenciasLos Urantianos tienen la costumbre de referirse a algunas naciones como superpotencias. Desde una perspectiva celestial, el verdadero poder tiene que ver con albergar la bondad, la paz y la justicia. Debido a que vuestras naciones están lejos de promover seriamente estos principios, la clasificación de superpotencia es muy discutible, incluso inapropiada. Ya conocen la máxima: ‘Un gran poder conlleva una gran responsabilidad”. Con este lema en mente, aprovechemos esta oportunidad para referirnos a la responsabilidad que podrían tener estas así llamadas superpotencias, si su intención realmente fuera trabajar para el bienestar de Urantia. De acuerdo a lo anterior, la responsabilidad de estas ‘superpotencias’ ciertamente sería una ‘súper-responsabilidad’.

Estas llamadas superpotencias deberían mostrar un genuino interés en la paz mundial. Vuestros gobiernos no pueden dejar de reflejar vuestras propias carencias personales –la costumbre de tomar ventaja de cualquier supuesta superioridad para obtener un beneficio personal. Vuestras naciones más poderosas han emergido como tales después de sacar provecho en guerras sucesivas, y actualmente son los países más beligerantes en Urantia. No es de extrañar que tengan tan pocas iniciativas sinceras de paz. En la vida, se recibe algo solo cuando realmente se trabaja para obtenerlo; y mientras que la paz mundial sea tan solo una frase conmovedora en concursos de belleza, no habrá paz a la vista.

Vuestras supuestas naciones superpotentes deberían comenzar a compartir equitativamente su riqueza, tanto en sus propios países como en el extranjero. La abundante riqueza de estas superpotencias queda claramente demostrada ante todos cuando se involucran en cualquier iniciativa de guerra, y no es sin razón que muchos de ustedes se preguntan cuánto beneficio traería esta riqueza si se usara para promover el avance de los seres humanos, en el interior y en el extranjero, al mejorar la educación, los servicios de salud y la igualdad social. Desafortunadamente, los ‘fondos humanitarios’ de estas así llamadas superpotencias muchas veces están asociados a la política externa discrecional y a favoritismos, y provocan la indignación de quienes se quedaron fuera.

Las así llamadas superpotencias deberían invertir más en una efectiva unión de las naciones a nivel mundial. Los esfuerzos en el pasado, durante el recuento de daños de vuestras guerras mundiales, fueron iniciativas bien intencionadas, pero su fracaso era predecible pues fueron imposiciones veladas y mantuvieron el poder real en manos de pocas naciones con poder de veto. Una organización planetaria unida debería encarnar el auténtico poder desde y sobre todas las naciones en los asuntos que amenazaran la paz mundial. Sin embargo, ¿las naciones de Urantia cederían su poder de toma de decisiones en asuntos internacionales, a un Consejo Global? O debería decir, ¿las así llamadas superpotencias darían un paso como ese en favor de la paz?

Desde la perspectiva celestial, entre más superiores sean, deberán estar más orientados al servicio. Jesús así se los enseñó: ‘El que quiera hacerse grande entre vosotros, deberá hacerse el servidor de los demás’. Este fue el ejemplo que dio. La esencia de la grandeza se muestra en el trabajo imparcial a favor de los necesitados y afligidos, y no como un ‘movimiento estratégico’ que busca obtener beneficios a cambio. La verdadera ganancia de la bondad es la contemplación del ennoblecimiento del prójimo. Desafortunadamente, actualmente ninguna nación en Urantia es digna del adjetivo ‘grande’.