“Vivir intensamente es vivir de acuerdo a la voluntad de Dios en todo momento. Es tomar las lecciones que se presentan y ‘exprimir’ hasta la última gota de sabiduría que puedas encontrar. Es también dominar el arte de la paciencia y aceptar que todo tiene su tiempo y todo ocurre en el momento justo.

“Aquellos que viven con esta intensidad son felices independientemente de su situación. Si, esto hay que repetirlo, porque la felicidad debería ser el estado normal del ser humano iluminado por el espíritu, pues esta persona es capaz de entender que está siempre creciendo y siempre sin titubeos ni dudas es guiado hacia un destino maravilloso.

“Jesús lloró, trabajó y se cansó. Sin embargo, el nunca se preocupó. El nunca intentó saber de antemano si lloraría o sufriría. El vivió en el presente siempre y siempre fue feliz en cada momento, incluso durante los sufrimientos pues sabía que detrás de estos se ocultaba un placer mas grande. ¿Puedes tú vivir tu vida de esta manera? En este momento, aquí y ahora, ¿que te hace falta que ya no tengas? ¿Donde preferirías estar sino aquí? Especialmente en este momento que ‘conversamos’ y abres tu mente a realidades mas allá del mundo físico. La vida es realmente maravillosa. Cualquier momento puede llenarse de una magia y de una sabiduría mas allá de la comprensión. La felicidad ya está dentro de ustedes. Tómense unos instantes para descubrirla.

“Una vida intensa no es una vida de grandes aventuras, de profundas aflicciones o de innumerables hazañas. Una vida intensa es una vida de grandes descubrimientos – de autodescubrimiento. Es una vida donde cada día tu mente y tu alma se abren a una realidad mas grande, mas extensa y mas hermosa. Es una vida donde día a día vas comprendiendo tu destino magnífico y tu posición como un verdadero hijo de Dios. En fin, una vida intensa es una vida de amor, donde la seguridad en los cuidados del Padre y la confianza en un universo amistoso hacen de cualquier lugar un paraíso. El reino de los cielos no es una institución que viene de las alturas, sino una realidad que crece en el corazón de los seres humanos. El reino de los cielos no es la edad de luz y vida. Mas bien la edad de luz y vida en este mundo llegará solamente cuando el reino de los cielos se haya manifestado en el corazón de todos los pobladores de esta esfera. ¿Ves como hoy, ahora mismo, puedes contribuir a traer la edad de luz y vida a tu madre, Urantia?”